EBook Yo, Yo, Yo. La Araña en la telaraña - Nuestra herencia divina es, en lo más interno del alma de cada ser humano, la vida en la luz Profesional
hace 11 meses - Electrónica - San Vicente - 135 vistaEn el fondo de cada alma seencuentra el núcleo del ser que no se carga de culpa y que contiene la fuerzacreadora del Creador. En resumidas cuentas, ésta es la herencia divina de cadaser puro. Como Dios está en el alma del ser humano, éste puede ser llamado unreflejo de lo divino.
Dios, el Creador, inspira yespira incesantemente. Él, la fuerza creadora, también es la energía evolutivaen los reinos de la naturaleza divinos, en las cuatro fuerzas creadoras deDios: Orden, Voluntad, Sabiduría y Seriedad-. La fuerza creadora de Dios es encada ser humano la fuerza de engendramiento y conservación, el principioPadre-Madre.
El engendramiento y el nacimientode un hijo son procesos totalmente normales. Son el reflejo de la fuerzacreadora de Dios. Pero quien transforma la fuerza de engendramiento yconservación en apetitos de los sentidos, peca contra le ley de la naturaleza,contra el principio Padre-Madre.
Con nuestros apetitos de lossentidos influimos sobre nuestros cinco sentidos. Con la clase de apetitos denuestros sentidos, que son programas, estimulamos nuestros cinco sentidos y, através de nuestros cinco sentidos, la totalidad de nuestro comportamiento, y deello resulta nuestra forma de sentir, pernsar, hablar y obrar. Nuestrocomportamiento, que se corresponde con nuestros sentidos programados, repercuteentonces a su vez sobre los apetitos de nuestros sentidos. De esta forma seincrementa y condensa el mundo de nuestros programas, que una y otra vez somosnosotros mismos. Éste nuestro mundo de programas es nuestra herramientacreadora.
Si equiparamos los apetitos denuestros sentidos con sexualidad, que entonces sólo nos sirve para satisfacernuestros apetitos y para relajar nuestro sistema nervioso, estos son instintospasionales. Con estos excesos desperdiciamos una cantidad inimaginable deenergía creadora y obradora. Esto es un pecado contra la fuerza creadora ylleva a la pobreza de energía, con lo que nos volvemos perezosos, descuidados odegenerados. Con “degenerados” se califican aquí los programas compulsivos delo inferior, de lo humano pecaminoso. La degeneración marca entonces por suparte nuestro carácter y nuestro cuerpo físico, de modo que hay quien de ellosaca la conclusión de que el hombre procede del animal –por ejemplo del mono.
Nuestra herencia pecaminosa nosciega y a menudo nos hace interpretar erróneamente los impulsos que provienende nuestra alma. Entonces buscamos enuna dirección equivocada.
Nuestra herencia divina es, en lo más interno del alma de cada ser humano, la vida en la luz, en una plenitud decolores, formas, aromas y sonidos, en la paz, la Existencia plena que podríadescribirse como presencia permanente de Dios. Si desde el fondo de nuestraalma emerge hasta nuestro ser humano, hasta el mundo de nuestros programas, laañoranza de paz, el ser humano trata de satisfacer esta añoranza. Por ejemplo,la relajación tras la copula carnal, le hace creer que ha satisfecho esaañoranza.
Sin embargo, como esta “paz” esuna ilusión y la relajación sólo de breve duración, el ser humano, lossentidos, continúan buscando. Surgen otros pensamientos, deseos y por tantoprogramas: programas de búsqueda que no pocas veces se convierten en programasde adicciones. La persona recurre eventualmente a placeres para llenar elvacío, por ejemplo a comidas sabrosas y abundantes. Satisface su estómago, perono halla satisfacción. Toma bebidas alcohólicas –eventualmente cada vez más-,pero el espíritu del vino no conlleva la espiritualización, la ampliación de laconsciencia en base a una vida según los mandamientos de Dios.
La gama de los brotescolaterales, de los programas secundarios, de los programas humanospecaminosos, es variopinta. De ella también forma parte la búsqueda dedistracción –por ejemplo sentarse cada noche ante el televisor-, o de estímulosfuertes, como los que se derivan de músicas duras, de la magia de las luces dediscoteca, de alboroto de las fiestas y de otras muchas cosas.
Tanto se trate de gula, delconsumo excesivo de bebidas alcohólicas, del afán de que otras personas nosvaloren, o de otra clase de pasiones, también con estos comportamientosdegenerados respecto al placer marcamos nuestra alma y el material hereditariode nuestro cuerpo, se trata de masivos programas activos, que buscan a personas del mismo tipo para influir ydeterminar sobre ellas. Quien permite esto, quien por tanto se deja determinar,está atado a su programador, que entonces puede seguir influyendo sobre él,porque los iguales se atraen una y otra vez.
La comunicación en el plano humano, en lo excesivamente humano, en lo pecaminoso, en el mundo de nuestrosprogramas humanos es intercambio de energía humana. Dios siempre está presentepara ayudarnos con Su fuerza, si nos orientamos a Él, para acercarnos a Él;pero Él no apoya nuestros aspectos contrarios a la ley divina, los pecados.Nuestros programas pecaminosos dependen por tanto del suministro de energíahumana, energía negativa.
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Editorial Gabriele
Español
REF. B325es
e-book
ISBN 978-3-89201-907-7