EBook La verdadera escuela es la vida Tomo 1 Profesional
hace 6 meses - Electrónica - Santiago - 49 vistaAprende a amar– son tres palabras: Aprende a amar. En estas palabras está todo el camino quecada uno de nosotros debe seguir para recuperar, paso a paso, nuestra herenciadivina, que es el amor a Dios.
Recordemos el mandamientoprincipal: “Ama a Dios de todo corazón. Ama a Dios con toda tu alma, con todastus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo”.
Tres aspectos del amor: Ama aDios, a tu prójimo y a ti mismo.
Muchos dicen que es un caminodifícil amar a Dios con todas nuestras fuerzas y también amar a nuestro prójimocomo a nosotros mismos. Cómo nos amamos a nosotros mismos, son solo los pasoshacia el amor, pero aún no es nuestra herencia divina, la corriente de amor enla que se mueven todos los seres puros.
Ahora la pregunta para todosnosotros: ¿Cómo nos amamos? Porque se dice que debemos amar a nuestro prójimocomo a nosotros mismos. A menudo se llega a un triste análisis. Nos amamos anosotros mismos en el sentido de que rara vez nos preguntamos si lo quepensamos, hablamos y hacemos corresponde al amor de Dios. Para nosotros,nuestra forma de pensar, hablar y actuar es “objetiva”, eso somos nosotros, esoes cada uno mismo.
Más de uno dirá: “Yo no me quieroa mí mismo. Este no es mi caso”. Pero preguntémonos: ¿Cómo es cuando uno denuestros semejantes nos describe o incluso nos critica con palabras como: “Tedesprecio, no dominas tu profesión, ¿tu oficio? No eres una persona sociable,eres inmoral”, o incluso cuando nos dice a la cara: ¡Eres malo!, ¡Eres mala!¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo reaccionamos? ¿Permanecemos tranquilos, en la firmezainterna de que descansamos en el amor a Dios, que no nos sostiene, sino quesimplemente es? ¿O recordamos ciertas situaciones y nos rebelamos porque no nosvemos como nos ve el otro? ¿Qué pasa entonces?
Si nos rebelamos, tenemos quedecir que amamos nuestro ego, nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamosa quien tal vez ha descrito nuestras características, que puede que incluso conello haya querido ayudarnos. Así que nos queremos más a nosotros mismos.Nuestro prójimo solo agitó nuestro amor personal, es decir, nuestro amorautocomplaciente que queríamos conservar.
¿Y qué ocurre entonces cuandoreaccionamos de esa manera? Dirigimos los dardos al prójimo por atreverse adescribirnos –es decir, a “criticarnos”- y tenemos que confesar que nuestroamor personal no tolera los “ataques”. ¿Por qué? Porque nos creemos mejores ymás listos. Es decir, nos amamos más a notros mismos que a quien nos hacaracterizado. ¿Es esto verdadero amor?
O sea que nosotros mismos debemosaprender a volver a ser capaces de amar desde nuestro interior. ¿Cómo comienza?Disculpándose, perdonando, con el circuito de la purificación.
En realidad, es triste si tenemosque hablar del amor a Dios y al prójimo, siendo todos los hijos de un amor,hijos del Padre eterno que nos contempló en el corazón, en Su gran corazónprimario y nos hizo nacer de Su gran corazón primario del amor como seres delamor.
Muchas personas hablan del amor,y eso no es otra cosa que la añoranza por el amor, la añoranza de sentirseacogidas. ¿De dónde viene la añoranza por el amor, por el acogimiento? A fin decuentas, del fondo primario de nuestra alma, pues en el fondo primario denuestra alma somos seres del amor. En el fondo primario de nuestra alma está elgran amor de Dios, el amor que llama incansablemente en nuestra alma y en elportal que conduce a la consciencia del ser humano.
Esta llamada de nuestro Ser másinterno, la llamada de Dios al portal de nuestra consciencia, la definimos comoañoranza de amor, añoranza de recogimiento. Si no los recibimos, calificamos anuestro prójimo de despiadado y en ciertos casos tal vez lo menospreciamosporque no nos da lo que anhelamos. Si recibimos un soplo de amor puramentehumano de nuestro prójimo, nos sentimos brevemente felices. Pero si la brisa deese amor humano desaparece, seguimos sintiendo añoranza por el amor. Con estonos hemos ensombrecido cada vez más, porque constantemente esperamos quealguien nos dé el amor que añoramos y que por último está en lo más profundo denuestra alma. En ese caso empezamos a actuar contra nuestro prójimo. Lomenospreciamos, esperamos de él lo que al fin de cuentas él tampoco nos puededar, porque él también se ha ensombrecido como nosotros mismos. Pues también élbusca el amor. Ambos buscan amor. Todos buscan amor y ningún ser humano nospuede dar amor, ¿por qué? Porque cada uno busca.
Editorial Gabriele
Español
ISBN: 978-3-96446-543-6
Ref.: B552es
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